| Cierta gente debe pensar que Rebecca Peters
no le hace bien al mundo: ha hecho demasiadas cosas para restringir
el uso de armas.
La deben detestar fabricantes, traficantes, comerciantes legales,
reducidores del mercado negro y más de un fanático
de los que –fuera de consideraciones políticas– creen
que el poder nace del fusil. O del rifle, propiamente. Ella era
una periodista especializada en temas de derechos humanos que
se metió a estudiar Derecho para entrar en acción.
En 1991, una masacre de ocho personas a manos de un desadaptado
conmocionó Australia y Rebecca asumió el tema como
un desafío: debía saber qué estaba pasando. “Me
sorprendió ver lo ridícula que era la ley, ver
que era tan fácil conseguir un arma en esa sociedad”,
confiesa ahora, en un lapso de un seminario internacional sobre
control de armas que se realiza en Lima. ¿Eran muy frecuentes los homicidios
de ese tipo?
En los noventa, una vez al año teníamos una masacre
con seis, ocho o diez personas muertas y todo el mundo decía
que teníamos que hacer algo. Formamos una liga de 350 organizaciones
que se llamó la Comisión Nacional para el Control
de Armas. Nos dimos cuenta de que, para mucha gente, violencia
era la del tipo malo de sombrero negro que mata a la persona buena
de sombrero blanco, cuando en realidad la mayoría de crímenes
son entre personas que se conocen. El problema era reducir la cantidad
de armamento en la sociedad.
¿Cómo lo consiguieron?
En abril de 1996 ocurrió la masacre más grande que
hemos visto en el mundo causada por un solo perpetrador: un joven
mató a 35 personas en un lugar turístico de Tasmania,
un Estado donde las armas semiautomáticas militares todavía
estaban permitidas. En ese momento todos los medios y los políticos
quedaron conmocionados. Allí se tomó conciencia del
mensaje que habíamos lanzado durante cinco años para
una mayor regulación.
¿Había muchos intereses que
demoraban el cambio?
Hay un lobby de las armas, que es una fuerza
económica
pero también ideológica. Los parlamentarios decían
que no querían ofender a los cazadores, pero el tema era
que a un grupo en la sociedad le gustaba la idea de tener armas
de alta potencia y los parlamentarios no los querían ofender.
También estaba la influencia del NRA (la Asociación
Nacional del Rifle de Estados Unidos), que en los noventa empezó a
entablar relaciones en otros países. De modo que los grupos
que tenían un carácter deportivo se transformaron
en fuerzas políticas, ideológicas. Una vez en la
familia del NRA, se fanatizaron.
Más de una mirada furiosa habrá caído
sobre ti...
Hubo un grupo de gente obsesionada. Una
vez tuvimos que mudarnos de casa porque publicaron mi dirección. Y el problema, que
no tienen otros activistas, los ecológicos por ejemplo,
es que nosotros luchamos con gente que está armada, que
así se define, y que tiene la idea de que Dios puso las
armas en la tierra para que la gente buena pueda usar la violencia
contra la gente mala. Y ellos deciden quiénes son las personas
malas.
Lo más difícil es luchar contra
una mentalidad cerrada...
Claro. El 90% está de acuerdo con cambiar las leyes, pero
al momento de pedirles que escribieran cartas ninguno quería
poner su nombre. Lo mismo sucede con las celebridades. Muchos hablan
por la lucha contra el cáncer o por la ecología.
Pero en este tema de las armas no quieren ser identificados...
¿Alguna vez te dispararon?
No, solo me tiraron un ladrillo por la ventana,
pero fue perturbador. Finalmente, conseguimos lo que queríamos. En 1997 se envió a
fundir unas 700 mil armas semiautomáticas. Las muertes por
armas de fuego se han reducido drásticamente.
He leído que muere más gente por armas pequeñas
que en las guerras convencionales...
Nosotros decimos que estas son las verdaderas
armas de destrucción
masiva. Todos los gobiernos persiguen las armas biológicas,
químicas, nucleares, que son una amenaza enorme, pero la
gente que muere actualmente por armas pequeñas es mucho
mayor, una persona por minuto. El problema es que después
de la Guerra Fría se liberaron montones de armas ligeras
que antes estaban controladas por los ejércitos de Europa
del Este.
Traficaron con los arsenales...
Sí, vendieron armas a criminales, bandidos, coleccionistas,
rebeldes, sin importar a quién.
¿Qué pasa en Latinoamérica?
En muchas partes del mundo, incluyendo Latinoamérica, las
leyes son muy permisivas y, aun así, lo que tienen no se
cumple. Una fuente muy importante de las armas que circulan en
las comunidades latinoamericanas viene de los arsenales de la policía.
A veces las fuerzas policiales renuevan su armamento y si tenían
revólveres, compran pistolas y los revólveres los
venden. Luego compran M16 y los oficiales venden las pistolas en
el mercado negro. Y aunque parezca una cosa estúpida, en
algunos países eso no es ilegal. También hemos visto
que gente importante de los gobiernos está metida en el
tráfico de armas.
Como ocurrió con Montesinos...
Bueno, no puedo hablar del tema, pero sé que hoy, curiosamente
cuando lanzamos la campaña mundial Armas bajo control, hay
una confrontación entre Montesinos y Martin Rivas (Jefe
del grupo Colina).
¿En qué país los ciudadanos están
más armados?
Latinoamérica es la región más violenta del
mundo que no está en guerra, aunque en algunas zonas sí.
Brasil, Ecuador y Jamaica registran mayores índices de violencia.
Aquí el 80% de los homicidios son con armas de fuego.
¿Qué piensas cuando ves a
un famoso como Charlton Heston defendiendo la tenencia de armas?
No sé. Fue un buen actor, pero es difícil creer
que él pueda pensar que la gente debería tener armas
viviendo en el país más violento del mundo desarrollado,
que es Estados Unidos. Allí tienen la misma escala de homicidios
que países como Sudáfrica o El Salvador. Ahora, él
tiene Alzheimer y hay estudios que indican que los enfermos de
ese mal no deben tener armas en casa. Espero que las deseche.
Parece que tiene muchos seguidores...
Es curioso: cuando la gente se siente insegura
quiere comprar armas, pero a nadie le gusta la idea de vivir
en una sociedad armada.
Hay un estudio en el que se pregunta a la gente: ¿Si tu
vecino tiene armas en la casa, tu barrio está más
seguro o menos seguro?, y la gente responde que no le gusta la
idea de un vecino con armas. Pero a la pregunta: ¿Si tú tienes
un arma en casa tu barrio es más seguro o menos seguro?,
la gente responde que si es uno quien la tiene, está más
seguro.
Tú debes ser una persona no grata
para los fabricantes...
Sí, hay gente que no me quiere tanto. Hubo un episodio
cuando el francotirador atacó en Washington, apareció un
mensaje en Internet que decía algo como esto: “qué extraño,
cada vez que aparece Rebecca Peters, vemos violencia armada y luego
se cambian las leyes. Pasó con la masacre de Australia,
ahora con el francotirador”. Por suerte yo estaba en Londres.
David Hidalgo Vega
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