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La enemiga del revólver
Una serie de masacres la motivaron a luchar contra la proliferación de pistolas y rifles en Australia. Ha enfrentado poderosos lobbies. Hoy lanzará una campaña mundial desde Nairobi, Londres y Lima
ALERTA. Rebecca coordina la campaña Armas bajo control impulsada por Oxfam, Amnistía Internacional y la Red de Acción contra Armas Pequeñas.
Cierta gente debe pensar que Rebecca Peters no le hace bien al mundo: ha hecho demasiadas cosas para restringir el uso de armas. La deben detestar fabricantes, traficantes, comerciantes legales, reducidores del mercado negro y más de un fanático de los que –fuera de consideraciones políticas– creen que el poder nace del fusil. O del rifle, propiamente. Ella era una periodista especializada en temas de derechos humanos que se metió a estudiar Derecho para entrar en acción. En 1991, una masacre de ocho personas a manos de un desadaptado conmocionó Australia y Rebecca asumió el tema como un desafío: debía saber qué estaba pasando. “Me sorprendió ver lo ridícula que era la ley, ver que era tan fácil conseguir un arma en esa sociedad”, confiesa ahora, en un lapso de un seminario internacional sobre control de armas que se realiza en Lima.

¿Eran muy frecuentes los homicidios de ese tipo?

En los noventa, una vez al año teníamos una masacre con seis, ocho o diez personas muertas y todo el mundo decía que teníamos que hacer algo. Formamos una liga de 350 organizaciones que se llamó la Comisión Nacional para el Control de Armas. Nos dimos cuenta de que, para mucha gente, violencia era la del tipo malo de sombrero negro que mata a la persona buena de sombrero blanco, cuando en realidad la mayoría de crímenes son entre personas que se conocen. El problema era reducir la cantidad de armamento en la sociedad.

¿Cómo lo consiguieron?

En abril de 1996 ocurrió la masacre más grande que hemos visto en el mundo causada por un solo perpetrador: un joven mató a 35 personas en un lugar turístico de Tasmania, un Estado donde las armas semiautomáticas militares todavía estaban permitidas. En ese momento todos los medios y los políticos quedaron conmocionados. Allí se tomó conciencia del mensaje que habíamos lanzado durante cinco años para una mayor regulación.

¿Había muchos intereses que demoraban el cambio?

Hay un lobby de las armas, que es una fuerza económica pero también ideológica. Los parlamentarios decían que no querían ofender a los cazadores, pero el tema era que a un grupo en la sociedad le gustaba la idea de tener armas de alta potencia y los parlamentarios no los querían ofender. También estaba la influencia del NRA (la Asociación Nacional del Rifle de Estados Unidos), que en los noventa empezó a entablar relaciones en otros países. De modo que los grupos que tenían un carácter deportivo se transformaron en fuerzas políticas, ideológicas. Una vez en la familia del NRA, se fanatizaron.

Más de una mirada furiosa habrá caído sobre ti...

Hubo un grupo de gente obsesionada. Una vez tuvimos que mudarnos de casa porque publicaron mi dirección. Y el problema, que no tienen otros activistas, los ecológicos por ejemplo, es que nosotros luchamos con gente que está armada, que así se define, y que tiene la idea de que Dios puso las armas en la tierra para que la gente buena pueda usar la violencia contra la gente mala. Y ellos deciden quiénes son las personas malas.

Lo más difícil es luchar contra una mentalidad cerrada...

Claro. El 90% está de acuerdo con cambiar las leyes, pero al momento de pedirles que escribieran cartas ninguno quería poner su nombre. Lo mismo sucede con las celebridades. Muchos hablan por la lucha contra el cáncer o por la ecología. Pero en este tema de las armas no quieren ser identificados...

¿Alguna vez te dispararon?

No, solo me tiraron un ladrillo por la ventana, pero fue perturbador. Finalmente, conseguimos lo que queríamos. En 1997 se envió a fundir unas 700 mil armas semiautomáticas. Las muertes por armas de fuego se han reducido drásticamente.

He leído que muere más gente por armas pequeñas que en las guerras convencionales...

Nosotros decimos que estas son las verdaderas armas de destrucción masiva. Todos los gobiernos persiguen las armas biológicas, químicas, nucleares, que son una amenaza enorme, pero la gente que muere actualmente por armas pequeñas es mucho mayor, una persona por minuto. El problema es que después de la Guerra Fría se liberaron montones de armas ligeras que antes estaban controladas por los ejércitos de Europa del Este.

Traficaron con los arsenales...

Sí, vendieron armas a criminales, bandidos, coleccionistas, rebeldes, sin importar a quién.

¿Qué pasa en Latinoamérica?

En muchas partes del mundo, incluyendo Latinoamérica, las leyes son muy permisivas y, aun así, lo que tienen no se cumple. Una fuente muy importante de las armas que circulan en las comunidades latinoamericanas viene de los arsenales de la policía. A veces las fuerzas policiales renuevan su armamento y si tenían revólveres, compran pistolas y los revólveres los venden. Luego compran M16 y los oficiales venden las pistolas en el mercado negro. Y aunque parezca una cosa estúpida, en algunos países eso no es ilegal. También hemos visto que gente importante de los gobiernos está metida en el tráfico de armas.

Como ocurrió con Montesinos...

Bueno, no puedo hablar del tema, pero sé que hoy, curiosamente cuando lanzamos la campaña mundial Armas bajo control, hay una confrontación entre Montesinos y Martin Rivas (Jefe del grupo Colina).

¿En qué país los ciudadanos están más armados?

Latinoamérica es la región más violenta del mundo que no está en guerra, aunque en algunas zonas sí. Brasil, Ecuador y Jamaica registran mayores índices de violencia. Aquí el 80% de los homicidios son con armas de fuego.

¿Qué piensas cuando ves a un famoso como Charlton Heston defendiendo la tenencia de armas?

No sé. Fue un buen actor, pero es difícil creer que él pueda pensar que la gente debería tener armas viviendo en el país más violento del mundo desarrollado, que es Estados Unidos. Allí tienen la misma escala de homicidios que países como Sudáfrica o El Salvador. Ahora, él tiene Alzheimer y hay estudios que indican que los enfermos de ese mal no deben tener armas en casa. Espero que las deseche.

Parece que tiene muchos seguidores...

Es curioso: cuando la gente se siente insegura quiere comprar armas, pero a nadie le gusta la idea de vivir en una sociedad armada. Hay un estudio en el que se pregunta a la gente: ¿Si tu vecino tiene armas en la casa, tu barrio está más seguro o menos seguro?, y la gente responde que no le gusta la idea de un vecino con armas. Pero a la pregunta: ¿Si tú tienes un arma en casa tu barrio es más seguro o menos seguro?, la gente responde que si es uno quien la tiene, está más seguro.

Tú debes ser una persona no grata para los fabricantes...

Sí, hay gente que no me quiere tanto. Hubo un episodio cuando el francotirador atacó en Washington, apareció un mensaje en Internet que decía algo como esto: “qué extraño, cada vez que aparece Rebecca Peters, vemos violencia armada y luego se cambian las leyes. Pasó con la masacre de Australia, ahora con el francotirador”. Por suerte yo estaba en Londres.

David Hidalgo Vega

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