Excelsior (Mexico)
1 de Julio 2004
Por Luis Gutiérrez Esparza*
Camila Magalhães Lina, brasileña, tiene 16 años de edad. En 1998 perdió
la movilidad de sus piernas, cuando la alcanzó una bala perdida en un
tiroteo entre unos ladrones y unos guardias privados de seguridad,
mientras caminaba desde la escuela hacia su casa. Otros no tendrán tanta
suerte. En los 60 segundos que tarda usted en leer esta información
acerca de Camila, una persona habrá muerto por la violencia armada.
Lo sabemos en México. Fue el caso de la niña que pereció en una escuela
del Distrito Federal, víctima de un compañero de la secundaria que
llevaba una pistola para jactarse de su hombría. Los nombres y las
víctimas se acumulan. Minuto a minuto. Y quienes no mueren, generalmente
quedan gravemente baldados. De por vida. En 2020, el número de muertos y
heridos por la guerra y la violencia será superior al número de muertos
a causa de enfermedades como la malaria y el sarampión. Dentro de esa
violencia figura predominantemente la que involucra a las armas menores.
Por ello, la Semana de Acción Global Contra las Armas Ligeras se
celebrará del 1 al 9 de julio, como una iniciativa auspiciada
inicialmente por el Red Internacional de Acción sobre Armas Ligeras
(International Action Network on Small Arms, IANSA) El punto fundamental
este año es la Campaña de Armas Bajo Control, que promueve la adopción
global de un Tratado sobre el Comercio de Armas. Además de los miembros
de IANSA, entre los cuales figura destacadamente en México el Círculo
Latinoamericano de Estudios Internacionales (CLAEI), compartirán el
esfuerzo, en varios países, organizaciones no gubernamentales
prestigiosas, como Amnistía Internacional y Oxfam.
La Semana de Acción busca crear conciencia, en la sociedad civil y en
los medios de comunicación, sobre el impacto devastador de las armas
ligeras en las vidas diarias de muchas personas y las acciones que se
llevan a cabo en todo el mundo para erradicar la amenaza y la tragedia
cotidianas, cuyos orígenes se encuentran a la vista: hay en el mundo
unos 639 millones de armas ligeras y cada año se fabrican ocho millones
más.
Sin un control estricto, esas armas serán el combustible y las
herramientas de los conflictos violentos --locales, regionales,
nacionales e internacionales--, la represión estatal, la delincuencia y
la violencia doméstica. A menos que los gobiernos actúen para detener la
proliferación desbocada, se perderán más vidas, se cometerán más
violaciones a los derechos humanos y se negará a más personas la
oportunidad de una vida digna.
Una amplia investigación del Instituto de Estudios Internacionales de
Ginebra, Suiza, como parte de un programa de las Naciones Unidas contra
el tráfico de armas, precisa que el año pasado, en el ámbito mundial,
hubo 200 mil muertes por armas de fuego no vinculadas a guerras;
aproximadamente la mitad se registró en América Latina y el Caribe.
En cuanto al número de homicidios cometidos con armas de fuego en un
año, en relación proporcional con la población del país, el peor
afectado del mundo es Colombia, con 21 mil 898. Le sigue África del Sur,
con 13 mil 572. En términos demográficos, el segundo país peor afectado
de América Latina es Venezuela, con cinco mil 408 homicidios. México
registra cinco mil 452; en Brasil hay 25 mil 603, pero su población es
aproximadamente 4.4 veces mayor que la colombiana. Esto mismo, sin
embargo, refleja la importancia de la violencia armada en aquella
nación: con aproximadamente 77% más habitantes que México, las muertes
ocasionadas por las armas ligeras se elevan 500% sobre las ocurridas en
territorio mexicano.
Entre los 10 mil 310 homicidios registrados en estados Unidos dentro de
estos parámetros y los apenas 104 que tienen lugar en Uruguay, aparecen
Argentina (942), Ecuador (mil 321) y Jamaica (450). Sin embargo, el
saldo mundial no puede ser más angustiante ni estremecedor: cada minuto,
una persona muere víctima de un arma ligera, quienquiera que sea su
poseedor o propietario. Y si bien es cierto que los grandes arsenales,
sobre todo los nucleares, representan la principal amenaza para la
subsistencia del género humano, el peligro de las armas menores, resulta
equivalente.
Desde el enfoque de la Semana de Acción Global contra las Armas Ligeras,
cobra una nueva perspectiva de importancia la gran movilización
ciudadana del domingo pasado en la ciudad de México. Independientemente
de la presencia de grupos ultraderechistas, como los vinculados al
Yunque o a organizaciones aún más letales, como los Tecos de la
Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG); y personeros menores del
clericalfascismo autóctono, por ejemplo la Unión Nacional de Padres de
Familia (UNPF), es fundamental no perder de vista la urgencia de salir
al paso de la violencia desenfrenada, que tiene propósitos unívocos, aun
si sus diversos protagonistas no se dan cuenta de ello.
Hay mercaderes de la política y del poder que quieren lucrar con el
saludable activismo ciudadano, lo mismo en la ultraderecha que en la
ultraizquierda –tan similares que parecen gemelas—o en los entornos
retorcidos de Andrés López y sus hordas oportunistas. No hay que
permitir que lo hagan, sino salvar a México, a los mexicanos, de las
armas que matan cada día.
* Presidente del Círculo Latinoamericano de Estudios Internacionales
(CLAEI) y de la Fundación por la Paz en la Era Nuclear (FPEN), afiliada
a la Nuclear Age Peace Foundation (NAPF).
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