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Speech in English

Centroamérica, México y el Caribe

Conferencia de Revisión

Desarollo vs armas ligeras

Fundación Arias para la Paz y el Progreso Humano

 
 
 
De los principios a la práctica: Dr. Óscar Arias Sánchez (Costa Rica)
Oscar Arias

Discurso
Cumbre de Ginebra sobre la Violencia Armada y el Desarrollo (Conferencia Ministerial)
Organización Meteorológica Mundial
Ginebra, Suiza
7 de junio de 2006

 

Amigas y amigos:

Muchas gracias a todos ustedes. Gracias al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y al Gobierno de Suiza por haberme invitado a dirigirme hoy a este auditorio.

En los últimos días, me encuentro constantemente en salones en que el conflicto del que todos hablan ocurrirá en uno de doce estadios en Alemania. Estoy convencido de que si el intercambio mundial de armas estuviera regido por la mitad de las reglas que definen un partido de fútbol en la Copa Mundial, esta Cumbre no sería necesaria.

Pero desafortunadamente esta Cumbre es necesaria. Estoy seguro de que todos sabemos las razones que nos convocan hoy aquí. No es noticia para ninguno de nosotros que en este mismo día, mil personas morirán debido a la violencia armada. No es noticia para ninguno de nosotros que en este momento, hay decenas de miles de niños armados y combatiendo. No es noticia para ninguno de nosotros que las armas de bajo calibre matan miles de personas al año y que merecen igual atención internacional que las armas nucleares.

Creo que todos coincidimos en la convicción de que la violencia afecta profundamente el desarrollo. Es probable que todos estemos ya enterados de que los conflictos armados son la mayor causa de emergencias alimentarias del mundo; que las guerras civiles recortan un promedio de 2.2% del crecimiento anual de los países y que en años recientes el Producto Interno Bruto de América Latina ha disminuido en 12 puntos porcentuales por año debido a conflictos armados.

Siempre recordaré las palabras de Mahbub ul-Haq, veterano del Banco Mundial y arquitecto creador del Informe de Desarrollo Humano del PNUD, además de un buen amigo, cuando exclamaba: “¿Habremos de dejar que nuestros niños mueran de hambre para aumentar nuestro gasto militar? Cuando nuestros niños lloran por leche en mitad de la noche, ¿hemos de darles armas para alimentarse?”. Para la mayoría de los países en desarrollo, la elección es así de absoluta.

La idea de que la fabricación de armas y su comercialización son beneficiosas para la economía de un país, cuenta con ninguna credibilidad en un mundo tan interconectado como el nuestro. En un mundo como el nuestro, un arma disparada a uno de nosotros, es una pérdida moral y económica para todos. Un trabajo en una fábrica de armas puede ser un pequeño paso económico hacia delante para un individuo, pero son dos saltos gigantescos hacia atrás para toda la humanidad.

Cuando se trata de establecer la conexión entre armas convencionales, violencia armada y desarrollo insuficiente, la evidencia es tan contundente que prácticamente no deja lugar a discusión. Así que la pregunta que debemos responder hoy aquí es ¿qué podemos hacer para reducir la violencia armada?

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo ha adoptado, sabiamente, una aproximación integral del asunto, en aras de la incorporación al debate de los muchos y complejos aspectos del problema. En efecto, a finales de este mes, el Programa de Acción de Naciones Unidas para combatir las Armas Pequeñas y las Armas Livianas, presentará su informe como parte de una estrategia plenaria de la citada organización.

En 2001, los Estados miembros de las Naciones Unidas declararon su compromiso en la destrucción del excedente de armas, el fortalecimiento de acuerdos regionales relacionados con el tema y el establecimiento de agencias nacionales destinadas a la reducción de la violencia armada. Estos compromisos son admirables, pero ha sido difícil lograr que sean honrados.

El Programa de Acción es muy valioso, pero no es vinculante. Es explícito al señalar las equivocaciones gubernamentales pero guarda silencio en cuanto a la vulneración de Derechos Humanos. Es crítico en materia de tráfico ilegal de armas pero indiferente ante el tráfico legal que contribuye con aquél.

Amigos míos,

Mi mensaje hoy es este: todos nosotros debemos sentirnos orgullosos de este proceso, orgullosos del camino que hemos recorrido. Pero es tiempo de avanzar de los principios hacia la práctica. Si nos preocupa verdaderamente el desarrollo, debemos buscar y acordar el más riguroso control sobre el intercambio internacional de armas. Es tiempo no sólo de declaraciones, sino de Tratados; no sólo de políticas, sino de Derecho.

Vengo ante ustedes hoy para exhortarlos a adoptar esa legislación. En el marco del trabajo conjunto de un grupo de Organizaciones No Gubernamentales, incluida la Fundación Arias para la Paz, expertos de la Universidad de Cambridge en Inglaterra han esbozado un Tratado para el Comercio de Armas, que pretende ser integral y comprensivo. La mayoría de ustedes han escuchado hablar de este Tratado.

La idea es sencilla: prohibir a los países la transferencia de armas a Estados, grupos o individuos si existe razón suficiente para creer que esas armas serán utilizadas para violar los Derechos Humanos o vulnerar el Derecho Internacional vigente. Algo particularmente relevante para esta Cumbre es que el Tratado prohíbe la transferencia de armas si existen claros indicios que apuntan a la posibilidad de que ellas sean utilizadas para alterar el desarrollo sostenible.

Más de treinta países han manifestado ya su apoyo a esta iniciativa, incluyendo nuestro anfitrión, el gobierno de Suiza.

Huelga decir que el apoyo para este Tratado no sólo debe provenir de los gobiernos, sino que necesita respaldo de las organizaciones y de los individuos también. Para instituciones como el Banco Mundial, el Tratado debe ser considerado buena política monetaria, pues en la medida en que menos armas son puestas al servicio de fines destructivos, el mayor desarrollo de las naciones es posible; y entre mayor sea el desarrollo de las naciones, mejores serán sus posibilidades de enfrentar responsabilidades económicas.

Desafortunadamente, debo admitir que el Tratado ha encontrado también oposición. Algunas delegaciones disienten en cuanto a si debería incluir todas las armas convencionales, alegando que ello restringiría tanto el comercio de los individuos como el de los Estados. Según esta postura, el Tratado interviene en el derecho de toda nación a defender su seguridad y sus intereses.

Por bien intencionada que sea esta oposición, no se encuentra al servicio del bien de la humanidad.

En primera instancia, el Tratado debe ser legalmente vinculante para todas las armas convencionales porque las pistolas y los rifles son igual de mortíferos que los helicópteros militares o los tanques.

En segundo grado, es indiferente si un cargamento armamentista se encuentra destinado a suplir a un gobierno, a una organización o a un individuo. Si el riesgo de destrucción es el mismo, las mismas reglas de transferencia deberían aplicar.

Finalmente, es imposible fortalecer la seguridad si se le suministran armas a grupos o individuos que representan un alto riesgo para la protección de los Derechos Humanos.

Sólo reconociendo el verdadero significado de la seguridad, podremos alcanzarla. Celebro la iniciativa de las Naciones Unidas en apoyar a través de los años una concepción de seguridad que trasciende las armas y las municiones. Esta organización ha sabido entender que al hablar de seguridad, hemos de incluir la salud pública; que al hablar de “fuerzas especiales” debemos referirnos a Médicos Sin Fronteras y a la Cruz Roja. Si deseamos ganar la discusión sobre las armas, primero debemos ganar la discusión sobre las palabras con que invocamos la necesidad de esas armas.

Amigos míos, hoy tienen la oportunidad de unirse a esta discusión. A esta lucha. Espero con todo mi corazón que la declaración que emitan al finalizar esta Cumbre llame a la adopción de un Tratado vinculante en materia de transferencias internacionales de armas, para que la acción que este Tratado haga emanar sea incluida en la reunión del Programa de Acción de las Naciones Unidas sobre las Armas Pequeñas y las Armas Livianas del 2006.

Un Tratado como éste por el que abogo, hará legales los lazos morales que ya nos atan. No puedo manifestar de forma suficientemente categórica la importancia de estos lazos, pues es dentro del marco de nuestro sistema internacional que pueden liberarse las voces de las naciones oprimidas. Y es sólo nuestro lazo indisoluble como seres humanos, el que permite nuestra verdadera libertad.

Muchas gracias.

 

 
 

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