Se estima que hay 1.6 millones de armas de fuego en América Central, de las cuales sólo 500.000 están legalmente registradas.
Muchas de esas armas son remanentes de los conflictos militares que la región sufrió en las décadas de los 70’ y 80’, especialmente en El Salvador, Guatemala y Nicaragua.
Cuando esos conflictos terminaron, miles de armas militares fueron a parar al mercado ilegal y terminaron afectando también a otros países como Costa Rica, Honduras y Panamá.
Los máximos exportadores de armas a la región son: Estados Unidos, Bélgica, Tailandia, Alemania, Canadá, Venezuela y Filipinas.
Las armas de fuego juegan un rol crucial en el tráfico de drogas desde Colombia hacia Estados Unidos a través de Centroamérica. Usando millones de dólares, los traficantes han formado pequeñas milicias pertrechadas con armas militares, muchas veces superiores a las de las fuerzas de seguridad nacionales. Así, las redes de distribución de drogas también abastecen de armas.
Las armas de fuego con usadas en más del 70% de los homicidios en El Salvador, Guatemala y Honduras.
A nivel regional, Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Nicaragua y Panamá han ratificado las
Convención Interamericana contra la Fabricación y el Tráfico ilícito de Armas de Fuego, Municiones, Explosivos y otros materiales relacionados (CIFTA) La Convención busca reducir el tráfico ilícito de armas en la región adoptando un estándar mínimo de leyes e intercambio de información entre las agencias fuerzas de seguridad.
Los miembros de la IANSA en la región están trabajando en: