Con doloroso asombro asistimos a un nuevo acto de barbarie. Esta vez son los hombres y mujeres de Madrid los que padecen la esquizofrenia que encubre siniestros actores internacionales sin rostros y con muchos supuestos nombres.
Nuestro planeta sufre una nueva herida, la oscuridad pareciera condenarlo a la desesperanza, dejándolo a merced de los traficantes de armas y los promovedores de guerras. Hoy en España son más de 200 muertes; el 11 de septiembre de 2002 fueron 2.976 víctimas en New York;; en mayo de 2002 fueron 117 muertes en Bojayá Colombia; las cifras en Iraq son escalofriantes. Las víctimas son incontables: mujeres viudas, niños/as huérfanos, mutilados, heridos. Estas guerras no tienen límites.
Ahora, en medio del dolor tenemos que insistir en formas noviolentas para encontrar salidas a esta encrucijada que compromete a todos los países y los pueblos. Es la hora de la solidaridad – sororidad, para cerrarle el paso al holocausto que amenaza la especie humana y al planeta.
Las mujeres de la Ruta Pacífica no creemos en el poder de las armas, no creemos en los guerreros. Hacemos un llamado para fortalecer la democracia, para no cerrarle el paso a las libertades y derechos civiles, para no permitir que en nombre de la lucha contra el “terrorismo” se persiga, se encarcele y se mate.
Estamos con las mujeres y con los hombres de España, en el dolor y en las acciones para reconstruir la esperanza. La guerra no podrá arrebatarnos nuestro sueño de un mundo posible, que incluya la diversidad, respete las diferencias y acuda a la conversación para resolver múltiples problemas.
“No queremos una guerra que nos mate ni una paz que nos oprima”
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